GANCHO DEL LOBO es un movimiento de jóvenes chilenos, cuya misión y labor es difundir nuestro ideal, nuestra forma de pensar, nuestra visión en torno a esta sociedad y la contingencia internacional; así como también promover los valores patrios e identidad chilena, lo cual no resta nuestros lazos internacionales. A causa de nuestras creencias somos censurados, perseguidos y repudiados por los promotores del odio.

miércoles

Prejucios del racismo


Los racistas quieren exterminar a las otras razas o por lo menos explotarlas.
Hubo, en efecto, exterminio de razas: el genocidio de los Pieles Rojas en nombre de la religión, luego de la democracia; e1 de los habitantes de Tasmania en nombre de nada, como partida de caza.
No era obra de racistas. (15)
Ciertamente, todas las doctrinas han conocido desviaciones extremas. Los exaltados justificaron la matanza de herejes por, la religión. El patriotismo, sin embargo, legítimo cuando, se defiende, encubrió todas las conquistas, todos los yugos, todas las El racismo, también puede ser traicionado por exaltados obtusos y criminales que utilizan el odio y predican el aniquilamiento de las demás razas, a imagen, de Catón pidiendo la destrucción de Cartago. Pero al hacer esto traicionan a su raza, que debe elevarse con sus propias fuerzas y no con las ruinas de los otros.
Este racismo no es el nuestro. Sabemos que somos una parte de esta vida que, en millones de formas, lucha por la ascensión a fin de hacerse más fuerte y más hermosa. “Los hombres son todos hermanos nos dicen. Nosotros decimos más: “Somos no solamente hermanos de las otras ramas, sino también hermanos del animal y hermanos de la planta”. Y no son los racistas los que exterminan los leopardos, para vestir las damas de la ciudad, tan elegantes, como inconscientes, o que masacran los bosques para fabricar papel de diario. Cada especie, cada raza, es una manifestación de la vida, y no tenemos el derecho de suprimir ni una sola, aun la más modesta, con el pretexto de nuestra fuerza momentánea, de las probabilidades que tiene, por sus cualidades propias, de desarrollarnos sólo dentro de un millón o mil millones de siglos. Pero, como una raza entre otras, tenemos el deber de ampliar nuestras cualidades. No nos pertenecemos: somos un mensaje de la vida.
Hay numerosas razas humanas. Su desarrollo particular es la condición misma de su ascensión (17) y estamos listos para ayudar a las demás en su camino (18). Condenamos el imperialismo, que equivale a cultivar el parasitismo en nuestra comunidad. Al contrario, proclamamos que todos los valores, económicos o culturales, deben ser nuestra obra; degeneraríamos al querer sustraerlos.

Racismo es sinónimo de antisemitismo; los antisemitas desean exterminar a los judíos por lo tanto, el racismo tiene metas criminales.
El prólogo del Manifiesto socialracista recuerda que los judíos mismo han practicado el racismo. Por otra parte, lo siguen practicando y se encontraría alguna dificultad de tratarlos de antisemitas. El término “antisemitismo” se presta a confusión. Debería significar hostilidad para con los semitas, siendo que su acepción ordinaria no engloba a los árabes, limitándose a los judíos, sin precisar si se habla del pueblo o de los adeptos de la religión. Pero de acuerdo a los grandes diarios, toda oposición a cualquier empresa judía es antisemita y, por lo tanto, criminal.
En realidad, 1a cuestión judía se planteó en una etapa muy tardía de la evolución humana. Y esta cuestión resuelta, el racismo, fundado sobre las leyes de la vida, permanecerá válido. No se confunde, pues, de ninguna manera con el “antisemitismo”.
También, uno puede oponerse a tal actitud de los judíos, sin por eso desear su exterminación. Que haya habido reacciones brutales en el curso de la historia, en todo lugar, y periódicamente, esto prueba simplemente que los pueblos, una vez exasperados, no saben establecer matices en la elección de los métodos y que la causa primera de estas explosiones, reside en los mismos judíos (19). Se buscaría en vano, desde el comienzo de los tiempos, las causas y, por consecuencia, las responsabilidades que han llevado a los judíos a un parasitismo tan constantemente intolerable para todos los demás pueblos. Que estas responsabilidades sean compartidas o no, esto no cambia en nada el problema, cuya solución no consistiría en matanzas, ya que a pesar de las que nos muestra la historia; el problema sigue planteándose. La verdadera solución consiste en ubicar al pueblo judío al lado, y no por encima, de los demás, desarrollando una vida nacional sobre su territorio y creando él mismo sus valores económicos y culturales, sin explotar, conquistar ni despojar a los demás. Esto lo ordena el interés bien comprendido del pueblo judío. (20)
Nosotros, los racistas, no deseamos la exterminación de ningún grupo étnico. Estamos listos a ayudar al pueblo judío a reencontrarse; pero es necesario que haya en él un mínimo de buena voluntad para permitir soluciones amistosas.

no existe mas razas puras, dado las mezclas que se han producido. El racismo, entonces no tiene fundamento

El contradictor, aquí, recurre a una acepción permitida de la pureza (no ­mezcla), acepción que explica por otra parte el célebre pesimismo de Gobineau. Como las mezclas siempre han tenido lugar, las razas puras en el sentido antedicho no habrían podido formarse jamás.

Pureza significa solamente que las generaciones sucesivas son homogéneas, sin separaciones mendelianas. Criadores y seleccionadores obtienen corrientemente razas puras a partir de cruces.



El nacionalsocialismo era racista. Era malo. Por lo tanto, el racismo es malo.
Un colegial de tercer año refutaría fácilmente este silogismo. El nacional. socialismo no es todo el racismo que preexistía y que le ha sobrevivido.
Sin ninguna duda, los dirigentes nacionalsocialistas cometieron errores; si no, hubieran ganado la guerra. Quien ha perdido un partido de ajedrez sabe que ha cometido una o varias faltas.
Un estudio de estos errores, seguramente útil para el político deseoso de evitar la reincidencia, excedería el marco de este libro. Mencionemos sin embargo el principal, que atañe a la concepción nacionalsocialista del racismo. Esta, demasiado estrecha, se limitaba al tipo nórdico. Seguramente condujo a tratar a los pueblos de Europa oriental —polacos, ucranianos, rusos— como a pueblos conquistados en lugar de asociarlos inmediatamente a la lucha anticomunista. Hay fuertes razones de pensar que esta falta, teórica, no táctica, fue decisiva.
Pero el nacionalsocialismo tuvo sus puntos fuertes, sin lo cual no hubiera podido resistir de un modo tan sorprendente los asaltos del mundo entero. Y entre estos puntos fuertes, hay que mencionar el racismo que dio al pueblo alemán la certeza de combatir por una causa justa. Nos dirán que es torpe reconocer cosas buenas a un régimen repudiado por el mundo entero. Lo que es torpe, en realidad, es ceder ante una propaganda mundial de mala fe que, pretextando los puntos débiles, busca desacreditar los puntos fuertes, de los cuales quiere impedir el retorno. Ceder significa no responder a una objeción tan imbécil como el prejuicio número 4.

La mística racista del hombre le quita toda libertad; se convierte en un ser colectivo cuya personalidad pierde toda importancia.
Este prejuicio se basa por un lado en la vieja oposición determinismo libre-arbitrio, y por otro en la mentira, sistemáticamente propagada a pesar de las evidencias contrarias, según la cual sólo la democracia permite el desarrollo de las personalidades, mientras que los regímenes de autoridad, totalitarios, dictatoriales, “nazifascistas” quieren transformar al individuo en un simple número.
El determinismo sostiene que no hay efecto sin causa: los actos humanos tienen, sus causas y el individuo no podría actuar distintamente de cómo lo hace. El partidario del libre albedrío, por el contrario, sostiene que hay un efecto sin causa: el acto libre del hombre.
Ahora bien: la fe en el determinismo ejerce una acción depresiva. Hace considerar todos los esfuerzos y todos los sueños como inútiles, ya que lo que debe suceder sucederá y que el resto no se producirá nunca. De ahí el abatimiento. Luego el sobresalto desesperado de esperanza: ¿mi ambición, mi acción, no serían precisamente, por casualidad un eslabón causal decisivo que trae la realización deseada? Ultima fase: recaída en la melancolía: visto el determinismo, mi ambición, mi actividad, mis esperanzas y mis ilusiones, siendo resultantes, han sobrevenido, sobrevienen y sobrevendrán necesariamente; imposible querer otra cosa que lo que está inscrito en los astros si yo debo querer esto, lo querré infaliblemente. A esta altura, nuestro hombre considera el mundo y él mismo con una profunda indiferencia, con un tinte de penetrante tristeza de día de lluvia. Ya que en un rincón perdido bien al fondo, lejos de la mirada de la gente, lloran su alma de antaño y sus ambiciones de juventud.
Por lo tanto, el racismo, fundado en la herencia psíquica, aporta una explicación causal a actos supuestamente libres hasta ahora y contribuye a reforzar la interpretación depresiva recién descrita. Nuestro hombre se siente eslavo de la herencia.
De hecho, es la noción de libertad sostenida por el partidario del libre arbitrio la que es absurda y produce la depresión. Además de ser un efecto sin causa estrictamente impensable, se llega, una vez más, a sustraer el hombre a las leyes de la naturaleza, a postular para él un privilegio negado a todos los demás seres vivientes.
Volvamos entonces a la realidad más simple. ¿Cuándo tenemos el sentimiento de la libertad? Cuando nuestros actos expresan nuestra personalidad, nuestra alma. ¿Cuándo tenemos el sentimiento de estar reprimidos? Cuando nuestros actos obedecen a un imperativo exterior: una necesidad material, una orden que no aprobamos. ¿Qué hacer para aumentar el sentimiento de la libertad y disminuir el de la represión: —Descubrir nuestra moral predestinada, que deriva de la estructura de nuestra alma— de nuestra raza. Así, el racismo, que nos hace actuar según nuestra alma, nos hace conocer el canto de la libertad interior, el gozo de seguir nuestra ley.
Dicho con otras palabras, las dificultades desaparecen en el instante en que se abandona la vieja y famosa concepción de la libertad como efecto sin causa.
En cuanto a considerar la democracia particularmente propicia al desarrollo de la personalidad, es hacer humor involuntario. Las democracias, aun plutocráticas, conocen la más despiadada dictadura del conformismo. Los medios de comunicación masivos, orquestados, practican sistemáticamente la violación de las personalidades para imponer los ideales de la igualdad humana, el amor del “progreso”, la fe en la máquina y —por encima de todo— el antirracismo Son democracias las que han prohibido las reuniones del Nuevo Orden Europeo y que, por leyes o mediante una jurisprudencia ad hoc, impiden la discusión de ciertas cuestiones, como el problema judío. (21)
Al contrario, Adolf Hitler, a quien se acusa en general de ignorar e1 individuo y la personalidad, escribe:
“El Movimiento debe luchar por el respeto de la persona, no debe olvidar que en la persona reside el máximo valor de las cosas humanas, que toda idea y toda realización son debidas a la fuerza creadora de un hombre y que la admiración frente a la grandeza no representa sólo el reconocimiento, sino también la unión de los que agradecen.
La persona es irreemplazable, sobre todo si no encarna el elemento mecánico, sino el elemento cultural y creador. Así como un maestro célebre de la pintura no puede reemplazarse y otro no sabría terminar en su lugar una tela pintada a medias, también es irreemplazable el gran poeta y el pensador, el gran estadista, y el gran general (...)
Las revoluciones y los progresos más considerables sobre esta tierra, las obras culturales sublimes, las acciones inmortales en el arte y en la política, todas esas cosas están eterna e indisolublemente ligadas a un nombre. Renunciar a rendir homenaje al genio significa perder la fuerza inconmensurable que nos aportan los nombres de hombres y mujeres dotados de grandeza. (...)
Cuando los corazones humanos se destrozan y las almas desesperan, los héroes que vencieron la necesidad y las inquietudes, la vergüenza y la miseria, la esclavitud espiritual y física, estos héroes, desde el fondo crepuscular del pasado, posan la mirada sobre los mortales angustiados y les tienden sus manos inmortales!
¡Desdichado el pueblo que siente vergüenza de asirlas! “(22)
Como se ve, las mentiras de la propaganda plutodemocrática se distinguen aquí, como en todo, por el desprecio de la realidad.
Sin ninguna duda, un orden social comportará siempre cierto constreñimiento, pero que puede ser libremente aceptado. Es lo que escribía un camarada en la Europe Réelle Nº 26, Junio 1960:
“En el Estado racista, encargado de dirigir sus miembros con vistas al bien común, el individuo se encuentra liberado, ya que su personalidad no está más en conflicto con la de otros electores (como es el caso en la sociedad democrática) o con la de una oligarquía de funcionarios (como es el caso en la sociedad marxista). Al someterse de buen grado (...) elige voluntariamente, lo que es lo propio de un acto “libre”. (...)
La sociedad racista de mañana, será una comunidad étnica y social de hombres unidos libremente que construyan su devenir personal ‘trabajando codo a codo en la “obra comunitaria”.
En nuestra sociedad, el hombre será un hombre libre en el pleno sentido de la palabra”. LE VEILLEUR.





extracto del libro "Nosotros, los racistas- G. Amaudruz"

3 comentarios:

Anónimo dijo...

http://el-poder-del-metal.blogspot.com/

jonathan dijo...

Comparto lo que aquí se dice, pero me asaltan dudas sobre la actitud a seguir sobre los negros que ahora llegan a nuestro país y de la postura de la nación mapuche que dicen no ser ni sentirse chilenos

Anónimo dijo...

sabes el grave error mas comentado

es decirnos latinos

es decir que somos mesclas porque si podemos definirlos como raza blanca chilena raza aria somos hijos de los que llegaron a esta tierra a fortalezarla

saludos

white_snow@hotmail.es

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